Enfrentar el cáncer requiere un enfoque integral y un compromiso colectivo que debe incluir la promoción de una cultura de autocuidado, basada en información confiable, prevención y responsabilidad compartida.
Por Roxana Regalado. 16 febrero, 2026. Publicado en El Peruano, el 7 de febrero de 2026.El cáncer constituye uno de los principales desafíos de la salud pública contemporánea, no solo por su elevada incidencia y mortalidad, sino también por el profundo impacto social, económico y emocional que genera. Esta enfermedad afecta directamente a quienes la padecen; y también a sus familias, comunidades y sistemas de salud, convirtiéndose en un problema complejo que exige respuestas integrales, sostenidas y coordinadas.
Más allá de los avances científicos y tecnológicos alcanzados en las últimas décadas, la existencia del cáncer continúa interpelando a la sociedad en su conjunto y obliga a reflexionar de manera permanente sobre la prevención, el diagnóstico oportuno y la atención integral como pilares fundamentales para reducir su impacto.
A nivel mundial, el cáncer mantiene una tendencia creciente que ejerce una presión constante sobre los sistemas sanitarios. Su impacto no se limita a las cifras de incidencia y mortalidad, sino que involucra elevados costos económicos, pérdida de productividad y una carga emocional significativa para las personas afectadas y las de su entorno.
La complejidad de esta enfermedad demanda recursos humanos altamente especializados, infraestructura adecuada, acceso oportuno a tecnología médica y políticas públicas sólidas que garanticen una atención continua y de calidad. En este contexto, la vigilancia epidemiológica y el seguimiento sistemático de los casos resultan esenciales para comprender su comportamiento, identificar grupos de riesgo y orientar estrategias eficaces de intervención.
En las proyecciones internacionales se advierte que, en los próximos años, millones de personas desarrollarán algún tipo de cáncer, con una carga particularmente elevada en regiones de ingresos medios y bajos. África, Asia y América Latina concentran una proporción significativa de los casos y de las muertes, situación que refleja profundas desigualdades estructurales.
El acceso limitado a programas de detección temprana, la escasa disponibilidad de servicios especializados y las barreras geográficas, económicas y culturales influyen en que muchas personas acudan a los servicios de salud cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas, lo que reduce considerablemente las posibilidades de recuperación y supervivencia.
En el Perú, el cáncer se mantiene entre las principales causas de mortalidad y representa un reto prioritario para el sistema sanitario. Los tipos más frecuentes incluyen los de mama, próstata, estómago, cuello uterino y colorrectal. Si bien determinadas regiones concentran una mayor cantidad de diagnósticos debido a una más alta disponibilidad de servicios especializados, esta situación evidencia también las brechas existentes en otras zonas del país. Fortalecer la descentralización de la atención oncológica, así como el rol de la atención primaria en salud, resulta indispensable para garantizar un acceso equitativo al diagnóstico y tratamiento oportunos.
Comprender cómo se origina el cáncer es un paso clave para prevenirlo. Esta enfermedad se desarrolla cuando las células normales sufren alteraciones genéticas que afectan el control de su crecimiento y multiplicación. Diversos factores influyen en este proceso, entre ellos agentes físicos como la radiación; los químicos, como el tabaco y ciertas sustancias tóxicas; y factores biológicos, como algunas infecciones. A ello se suma el envejecimiento natural, que reduce progresivamente la capacidad del organismo para reparar el daño celular acumulado.
La prevención constituye uno de los pilares más importantes en la lucha contra el cáncer. Adoptar hábitos saludables, como una alimentación balanceada, la práctica regular de actividad física, el control del peso corporal y la reducción del consumo de alcohol contribuye significativamente a disminuir el riesgo. Evitar el consumo de tabaco sigue siendo una de las medidas más efectivas, al igual que la vacunación y la protección frente a la exposición solar. Asimismo, los chequeos médicos periódicos permiten detectar la enfermedad en etapas tempranas, iniciar tratamientos oportunos y mejorar el pronóstico.
Enfrentar el cáncer requiere un enfoque integral y un compromiso colectivo que debe incluir la promoción de una cultura de autocuidado, basada en información confiable, prevención y responsabilidad compartida. Recordemos que trabajar en la prevención de la enfermedad es apostar por una vida digna y consciente del valor de cuidado de la salud como prioridad.








